sábado, 9 de julio de 2011

Cuando todo comenzó...

¿A quién le vas? ¿al Magallanes o al Caracas? Las preguntas obligadas que todo venezolano respetable debe contestar. 

Parte de tu uso de razón, cuando ibas dejando la edad infante, era tener una posición clara frente a esas interrogantes. Por supuesto que la influencia hereditaria te obligaba a decidirte por uno de los dos equipos. Por cierto, me refiero a dos conjuntos de la liga de beisbol  de mi país natal (Venezuela), una especie  de rivalidad que se confunde con la cultura y tradición del país. Lo que significa el América-Chivas para México, New York Yankees-Red Sox o Mets para Estados Unidos, Barcelona-Real Madrid en España. No importa que ramo deportivo sea, lo que quiero es ubicar el contexto de competencia que se vuelve general y un fenómeno único para cada nación.

Para no desviarme del tema, logré escabullirme de los bandos y opté por inclinarme hacia Las Aguilas del Zulia, rompiendo con el patrón de selección,  que había en la familia.

Si embargo fue un veredicto superficial. Es decir, no porque a la larga no me simpatizaran los representantes maracuchos o marabinos (prefiero no herir susceptibilidades), sino porque en ese momento no entendía la trascendencia de lo que significa la afición deportiva.

Los primeros pininos de apreciación en éste sentido, fue con los imperdibles mundialitos de fútbol que se realizaban en temporada vacacional en terriorio nacional, con la participación de delegaciones internacionales. Venezuela, pese a su condición principalmente beibolística,  siempre ocupaba un digno lugar. Recuerdo que me preguntaba por qué las generaciones mayores, no podían tener el mismo desempeño que éstos chicos. Gracias a Dios, ésto está cambiando y el progreso lo da el tiempo y el trabajo.

A mediados del 89, reconozco a mi primer ídolo: Omar Vizquel, campocorto venezolano y grande liga.

1990, fue la prueba de fuego. El éxamen de admisión, cuando de la nada, sentí una inmensa afinidad con la selección de Inglaterra en el Mundial de Fútbol. El corazón que antes latía por otras cosas, lo comenzó a hacer también por eso. Contaba las horas para ver cada participación de los tres leones. Cómo si fuera un juego de memorización rápida, en cuestión de días ya sabía los nombres de cada jugador inglés y técnico. Y  surgieron las primeras lágrimas, de impotencia y de admiración, con la eliminación de ésta escuadra a un paso de la final.

Reclamando el baloncesto un pedacito en mi corazón,  vino el Suramericano de Valencia 1991, ganado por Venezuela en juego no apto para cardíacos, el Pre-Olimpíco de Portland en 1992 con la medalla de plata para el tricolor nacional frente al "Dream Team" de los Estados Unidos. La liga venezolana. La llegada del primer venezolano a la NBA, Carl Herrera.  Viene a mi mente la heremoteca que hice con recortes de prensa relacionados con éstos hechos. Y luego vinieron otras más.

Por el 98 y para no acabar con la costumbre del beisbol, me maravillé con el talento de Edgardo Alfonzo (Magallanes y Mets de Nueva York). Ni que decir del lanzador zuliano Wilson Alvarez con su No Hit No Run, que pude disfrutar completo por televisión. El campeonato logrado por los Azulejos de Toronto contando con otro  de mis consentidos en aquella época, el boricua Roberto Alomar. Podía pasar tardes de sábados y domingos, así como noches entre semana, viendo los partidos transmitidos por la pantalla, fundamentalmente con la participación de venezolanos, de mis peloteros y equipo preferidos.

El tenis no se queda atrás y no puedo olvidarme de la proeza venezolana en la Copa Davis con Nicolás  Pereira y Mourice Ruah, ni referirme a ésta área sin dejar de mencionar a Pete Sampras,  a Roger Federer.

No quiero pecar de olvidadiza y menospreciar la satisfacción que me causaron tantos atletas más. Nombrar a Francisco "El Tiburón" Sánchez (natación), María Elena Giusti (nado sincronizado), Arlindo Gouveia (tae kwon do), David Grimán, Edwin Valero (Boxeo), Jonathan Vegas (Golf), Michael Owen (fútbol) y clubes simbolizados principalmente  por Los Puerto Rico Islanders en los actuales momentos, créanme que se quedan cortos, porque mi respeto y fascinación va por muchos más.

A éstas alturas de la vida, no me quejo de haber transitado a mi manera éste camino. Más bien agradezco cada oportunidad y coincidencia en espacio y era, para presenciar éstos acontecimientos que me acercaron a sus protagonistas  (no importa de que manera) y la firme convicción del amor que siento por el deporte.

Lo más hermoso es qué se que hay muchas personas en igualdad de pensamiento.

Helena Aguilar


PD. Y seguí siendo de Las Aguilas del Zulia aunque, curiosamente, mis tres beisbolistas favoritos de Venezuela,  si lo notaron, son del Caracas (Vizquel),  del Magallanes (Alfonzo) y muy de cerquita Wilson Alvarez (Zulia) ;P








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